Moondogs Blues Party
Si buscamos en el origen de las cosas (las raíces) podremos encontrarnos con que quién las lleva a cabo ha de tener una motivación mayor o menor, todo depende de lo qué se intente conseguir, de cuál sea nuestro objetivo, en este caso, Moondogs Blues Party no nace con una ambición mayor que la que se puede buscar con la masturbación personal, esto es, tiene un punto de curiosidad a la vez que de intimismo, de mero placer propio (disfrute egoísta) y sobre todo de búsqueda, de experimentación necesaria, esa curiosidad inherente al espíritu dinámico de aquel que compone sus canciones.
Detrás de la música de Moondogs Blues Party no hay ensayos, ni grabaciones infinitas, todo suena como la primera vez que es tocado. Puede que no contenga una gran pureza técnica o suene con una moderna sofisticación musical. No la busca. Es algo fresco y efímero, sentido y perdido, que no podría repetirse, es casi como una religión en la que Thelonius Monk es el pastor.
La música de Moondogs Blues Party es una búsqueda constante, un caminar sin cesar, trenes que se pierden y amores que no volverán, el paso por la vida, por la sociedad, el sexo, el pacto con el mal, la muerte, la esclavitud...
Portrait
A finales del 2005 Carlos, con unas cuantas canciones y alguna que otra cerveza, convence a Alejandro para que se curre algunos bajos y ver si la cosa suena algo diferente. Parece que así es y, sin pensárselo mucho, se proponen grabar cuatro canciones en plan "bien" que al final resultan ser seis. Como resultado, el Ep "Self", una muestra de improvisación sobre lo que en principio eran temas de cantautor folk con un bajo de fondo. Todo ello gracias a la ayuda de José (ex-Free Serena), quien introduce batería, guitarra eléctrica y coros en un mismo tema; Arturo Vaquero, mago del "arretello" y arreglos varios; y la divina providencia, que hace de Alejandro improvisado percusionista. En febrero de este año se une Fernando para darle otra vuelta de rosca al proyecto y meter una batería que se hacía esperar... Y ahora Elena, pianista y corista, para dar un poco de cordura a la vorágine en la que nos estábamos metiendo.
Telémaco
¿Cómo silenciar los estertores de una Tierra que se nos va? con música, claro. Por eso Telémaco pone ahora banda sonora al quebradizo deambular de un planeta que agoniza y se rebela. Consolidarse en el panorama tech patrio como combo de down-electrónica inédita y ambiciosa es algo tan complicado como aquí cierto. Tras una permanente patina electro-jazzy surgen las nuevas entregas de estos gallegos bienpensantes y curtidos en mil batallas sonoras.Los episodios son bien diferentes, pasan del mejor hip-jazz –"Yo y mi mini-yo" al etéreo ambient planeador de "El ajedrez de Spook" en un solo clíck, como debe ser. La necesaria dicotomía entre lo diurno y lo noctívago aquí aparece claramente expuesto. Humo denso y azulado de día y cielos rasos para la noche, eso es Telémaco. Su apuesta viene trufada de synthes amistosamente marcianos, destellos del groove más negroide, burbujeante ajuste a la baja de bmps en una suave y más que acertada evolución sonora.
Alvaro Pardo y Miguel "Rulos2 amaN descaradamente los ritmos estrellados, rotos a conciencia. Por eso los monta sobre adecuados y diestros bombos logrando ese punto de rebeldía necesario ante tanta destreza matemática. La producción es simplemente estupenda por sensible y certera. Telémaco juegan con ventaja porque conocen su destino, solamente ellos dirimen su rumbo. Además tienen sus objetivos más que claros a pesar de su ingente apertura de miras. Su armario sonoro es tan amplio que solo tiene que abrirlo, meter la mano y coger airosas melodías con sabor a océano, profundos bass-lines que parecen sacados del humeante underground neoyorquino, chispazos orgánicos inmersos en una realidad deep y acogedoramente artificial.En definitiva, música libérrima para aliviar el desvelo y potenciar el efecto del veneno más placentero, facturada desde la misma entraña humana y envuelta en simpatías, amores y otros vicios menos confesables.
(Fernando Fuentes)